Día Internacional de la Enfermería

Hoy, día 12 de Mayo, es un día especial para mí. Es el día de las enfermeras y me siento orgullosa de serlo. Cuando me pongo a pensar todo lo que he pasado hasta llegar a serlo me hace sentir aliviada porque conseguí uno de los tantos objetivos de mi vida; no ha sido nada fácil y he tenido que esforzarme al máximo, sacrificarme incluso en mi propia salud y he pasado por muchos nervios, disgustos y otros momentos increíbles no sólo a nivel personal, sino profesionalmente.

No explicaré toda mi experiencia, eso lo guardo para mi familia y la gente muy cercana que lo sabe muy bien, pero sí explicaré lo que significa esta profesión para mí, lo que significa ser una enfermera y toda la mochila que incluye al serlo.

Cuando era pequeña odiaba a las enfermeras. Sí, has leído bien, las odiaba con toda mi alma. También detestaba ir al médico, pero no tanto con ellos porque no hacían daño, las que tenían siempre una jeringuilla en mano y siempre hacía daño (basándome en el pensamiento infantil, claro) era la enfermera. Podría decir que tenía pavor al hacerme daño, siempre lo evitaba porque lo pasaba realmente mal, pero claro, que me pincharan por una enfermera era algo inevitable en mi infancia (lo normal: calendario vacunal, prueba de la tuberculina, vacunas de la gripe, etc). Pero todo cambió cuando vi por primera vez a una enfermera dentro de un nido neonatal, teniendo 8-9 años de edad. Fue tan tierna esa escena que decidí serlo también: ahí empezó mi promesa y mi decisión de ser una enfermera de bebés. Cambiar de “chip”, superar mi pavor de la oír la palabra “sangre” y ver una jeringuilla y hacerme la idea de que tendría que ser una enfermera para cuidar niños fue todo un desafío para mí; ya que tuve que superar mis miedos yo sola y a una velocidad envidiable… aún así estaba dispuesta a hacerlo y conseguirlo. Al principio quise ser comadrona (matrona) por estar asistiendo al parto y estar en contacto con ellos, y eso fue mi objetivo en los primeros 2 años de mi carrera. Pero descubrí que la que realmente cuidaba y curaba a los bebés e infantes era la enfermera pediátrica, así que en ello estoy ahora, estudiando para especializarme como enfermera pediátrica.

Mi camino, desde que descubrí esta parte de esta profesión hasta hoy, ha sido muy largo y muchas veces el tiempo ha transcurrido demasiado lento; sobretodo cuando tuve que arriesgar mi propia salud, mis horas de descanso y todo lo que verdaderamente me importaba. Pero no me arrepiento de nada, porque ya he conseguido el 90% de todo el camino como profesional.

Mis años de universidad fueron únicos e irrepetibles, sobretodo los primeros 3 meses de carrera, que era entrar en el mundo de la enfermería sin saber ni entender ni un carajo, sobretodo la terminología y todo lo fundamental y básico de esta profesión, ver como mis compañeras de clase estaban más adelantadas  que yo… afortunadamente pude aprender todo esto en mi primer mes y medio de prácticas en un geriátrico gracias a la enfermera que me custodió y a las auxiliares.  El segundo año fue mucho más duro por el tema de traslado de universidad y convalidación de asignaturas y continuar con un plan de estudios diferente, y en el tercer año fue todo un año de prácticas que se alargaron mucho más no sólo porque me costaba según qué cosas y por mis inseguridades, sino también porque me topé con dos enfermeras hijas de su topota madre  que me infravaloraron, insultaron y me criticaron despectivamente y despiadadamente, y que encima sufrí un accidente (un esguince de tobillo) en plena temporada de prácticas.

Igualmente, he llegado a mi destino como enfermera. El problema es que no tengo experiencia laboral, sólo de prácticas, pero me siento capaz y con ganas de trabajar duramente y convertirme en una gran profesional, capaz de cuidarme por mí mísma y, por supuesto, cuidar y curar a los demás.

Poseo muchos conocimientos de todo tipo aunque hay ciertas cosas que aún me cuestan y que desconozco, pero estoy estudiando para asimilarlos y retenerlos en mi mollera. Pero, aparte de éstos conocimientos de la biología humana, enfermedades, terminología médicas, procedimientos y técnicas enfermeras y médicas, etc; hay más conocimientos diferentes pero a la vez ligadas a ellas que una enfermera posee, y son la psicología, la psiquiatría, la fisioterapia, la medicina natural y/o alternativas, la administración, la investigación, la salud pública, etc. Además, una mochila enorme (que comenté antes) con todo esto incluido y que se aprende mientras te formas como enfermera: profesionalismo, tener cultura de todo un poco, empatía, amabilidad, afable, actitud humanitaria o solidaria, responsabilidad, consecuente de tus actos, control parcial de tus emociones e impulsos, cercanía, comprensión, continua actualización en conocimientos y práctica, asertividad…

Mucha gente me ha criticado porque elegí esta profesión por “el dinero”, pero está muy lejos de la realidad. Elegí esta profesión para sentirme útil con la sociedad, m familia y para la familia que yo forme en el futuro, ser capaz de curar y cuidarlos aunque tenga que sacrificar mi propia salud, tengo una personalidad y un carácter que es 100% compatible con la enfermería, pienso que es una profesión muy bonita aunque sea muy sacrificada, tenga momentos muy tristes, chocantes, terribles… pero también los tiene de felicidad, de amor, de conocer a gente y cómo tratarlos, de comprender al resto, de reemplazar sentimientos, ideas de mucho ego, egocentrismo y grandeza, de sentirte útil cuando te piden ayuda, de educarlos cuando ignoran algo o actúan mal.

Me motivó ser una enfermera por querer cuidar y ayudar a las personas, ser como “la fe de la humanidad”, en la que ellos pueden confiar en ti, que están en buenas manos, que das todo de ti para hacer lo correcto, les cuides y los cures, dar todas aquellas cosas que necesitan para recibir esa ayuda que tanto anhelan, tratar sus problemas de salud, crecer tanto profesional como personalmente. Me motiva también al dar todo el afecto, cuidados y la calidad de vida que tanto se merecen y necesitan, sean las personas que sean (refiriéndome a estar de acuerdo y cumplir con el Código Deontológico de la Enfermería) e incluyendo a sus familias y sus círculos social y cultural.

Lo más gratificante, lo que es todo un logro y las motivaciones de ser una enfermera son las caras de felicidad, de alivio y de gratitud que muestran y te dan cuando se curan ellos mismos o las personas cercanas que han estado enfermas o incluso cuando se mueren, de todo el apoyo y ánimos que les das, de toda las acciones y actitudes que has hecho, de estar a su lado siempre, de que les escuchas y les comprendes, de haber hablado con ellos cuando se sentían mal, te agradecen por toda tu persona, que te desean suerte y todo lo mejor… absolutamente todo. Todo ese momento en la que ves que tu paciente y/o familiares  está o están  felices gracias a ti no tiene precio y no lo cambiaría por nada del mundo.

Lo más horrible de esta profesión son todas aquellas situaciones que te hubiera gustado evitar: ver que un paciente enfermo estando estable y responde bien al tratamiento, empieza a empeorar y empeorar…el susto y el nivel de ansiedad que sientes por querer ayudarle es grandioso y hay que tener una mente fría para poder actuar rápido y eficazmente y salvar aquella persona de posibles consecuencias irreversibles o que le dejen secuelas si lo que sufre es algo muy importante. Otra cosa es ver cómo se mueren las personas o cómo ves que pacientes con cáncer y no tienen más de 1 año de supervivencia hacen lo posible para darte una sonrisa cada vez que estás junto a ellas, hablas y le tratas e, incluso, acaban animándote si te ven muy preocupado por ellos. La sensación tan desagradable que se siente al saber que lo que ellos padecen no se puede curar, que tu no puedes hacer nada salvo tener muy buenos momentos conmigo y darle todo el apoyo y cariño es algo que no se olvida nunca. La tristeza que comienzas a sentir en cuanto te enteras de su muerte es algo que nunca hubieras querido que pasara, sobretodo si le has tenido muchísimo cariño y has tratado mucho con ese paciente. Incluso si recuerdas que en sus momentos delicados, en que han empeorado de salud o que sus ánimos no estaban bien y tu le diste amabilidad, ternura, comprensión y todo aquello que una enfermera debe dar -psicológicamente y emocionalmente- es una sentimiento agridulce que sientes; agrio porque esa persona no se pudo curar y ya no está viva, dulce porque fueron momentos que son muy tiernos, tu pudiste darlos y no otra persona y que ellos mismos te agradecieron todo lo que has hecho por ellos.

Lo más curioso y bonito de haber elegido ser enfermera y de todo lo significa para mí serlo, es que siempre digo y pienso: “De pequeña odiaba a las enfermeras y a la gente que estaba a favor de ellas… y mira donde estoy ahora;  soy una de ellas y estoy a su favor. Si mi “yo” del pasado me mirase y supiera todo el recorrido, se odiaría pero con mucho cariño.”

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